La Farmacia

Tres generaciones
de oficio.

Antes hubo un boticario. Después hubo un farmacéutico. Hoy estamos nosotros. Mismo apellido, mismo barrio, misma idea: una farmacia es un sitio donde se entra preocupado y se sale tranquilo.

Albarello con el escudo Gázquez Aróstegui

El apellido

Gázquez Aróstegui.

El abuelo fue boticario en una época en la que las recetas se preparaban a mano y los frascos se rotulaban en cerámica. Algunos de aquellos albarellos siguen aquí, todavía con el apellido en azul cobalto.

El padre tomó el relevo y vio cómo la farmacia se transformaba: laboratorios industriales, especialidades, sistemas de salud modernos. Pero el oficio era el mismo.

Hoy seguimos nosotros. Misma puerta, mismo apellido, mismo criterio. Cien años después.

Cómo trabajamos

Tres cosas no negociables.

01

No vendemos lo que no recomendaríamos.

Cada producto que entra en lineal pasa por nuestro criterio. Si no nos lo daríamos a alguien de nuestra familia, no te lo damos a ti. Esto reduce variedad pero garantiza criterio.

02

Si hay un genérico que sirve, ese es el que llevas.

No empujamos lo que más margen deja. Si lo que necesitas vale dos euros, vale dos euros. Tu confianza hoy vale más que un ticket alto esta tarde.

03

El tiempo que necesite tu duda, ese tiempo te dedicamos.

Si vuelves tres veces hasta entender un tratamiento, vuelves tres veces. Sin caras raras, sin reloj. Para eso estamos.

El equipo

Las mismas caras de siempre.

Somos un equipo pequeño y estable. No rotamos, no tercerizamos atención, no hay un nuevo cada mes preguntándote por tu nombre.

Eso significa que cuando entras, te reconocemos. Sabemos qué medicación te llevas, qué te sentó mal la última vez y qué le compraste a tu madre el mes pasado.

Para una farmacia, esa memoria —humana, no informática— es la mitad del trabajo bien hecho.

Fachada de la farmacia en Guadix

Pásate cuando
quieras.

Sin cita, sin compromiso. Te contamos cómo trabajamos y vemos si encajamos.

Cómo encontrarnos